UN MAESTRO EN LA CALLE
Langreo, Joaquín Fernández
En la antigua Roma los maestros daban sus clases en la calle si, cosa al parecer nada infrecuente, no tenían un local ad hoc ni dinero con que alquilarlo, y cobraban directamente de sus alumnos (toquemos madera profesores y alumnos). Por lo que aquí cuenta Marcial no debían de gozar de muy alta estima social (volvamos a tocar madera -esta vez los profesores). Por cierto, Marcial, aunque era de Calatayud, escribía en latín -lo digo por si a alguien le suena esto último (y ahora vamos a tocar madera solo Mª Antonia y yo).
¿Qué tienes contra el barrio, criminal
maestrillo de escuela y enemigo
de niños y muchachas por igual,
que atruenas ya entre azotes y castigos
y aún no se han despertado las gallinas?
Tan bronca es, comparada contigo,
la radial de un peón en una esquina,
y es más suave el rugido de una hinchada
si en el derby golea a su vecina.
No exigimos dormir la mañanada
pero sí, por lo menos, pegar ojo:
da vacaciones a la muchachada.
¿O es que quieres, cotorra, por callar
lo mismo que te embolsas por berrear?
Marco Valerio Marcial, Epigramas, IX, 68. Versión (libre) de Joaquín Fdez.
