Caramelos
Susana Rodríguez Antoranz
 Una señora me ha hecho pasar aquí a esta habitación oscura. ¿Habré sido mala? A mí me gustan mucho los caramelos, cuando la tata no está y siento cerrar la puerta, salgo rápidamente hacia la sala de puntillas, abro el cajón, saco la caja de hojalata y al destaparla veo los intensos colores. A lo mejor por eso estoy aquí. Cuando me acuesto y mamá viene a darme el beso de buenas noches, amasamos pan. Ella remueve la ropa de mi cama, siento cosquillas y entonces reímos juntas pero antes de que se vaya, siempre le pido que no cierre la puerta porque a veces sueño que viene el hombre del saco. Se pone justo detrás de mí nada más abrir la caja de los melos y hasta ahora nunca me ha cogido porque  cuando llego corriendo a las faldas de tata, él desaparece.

Don Rodolfo se pasa los días refunfuñando y no hace más que tirarme de las orejas porque me cuesta aprender la tabla de sumar pero ya tengo un truco divertido: cuando tenga que pensar los números comenzaré a ver caramelos de muchos sabores y colores, miles de caramelos aunque a Pedrito no le daré ninguno porque el otro día cuando salimos de la escuela sacó de la cartera una tableta de chocolate y, el muy tragón, se la comió él solo.

Hace frío. ¿Habré sido mala? Mamá dice que pronto tendré un hermanito, tengo ganas de verlo y le regalaré caramelos de vivos colores. Hace poco estuve pensando en eso de que los niños vienen de París y no lo entiendo muy bien aunque estoy segura de que no vendrá hasta la primavera, porque ahora nieva, hace mucho frío y la cigüeña no podrá llegar. ¡Ojalá continúe nevando! Así no iremos a la escuela, haré muñecos de nieve y un ángel, como esos que hay en el cielo, con sus alas blancas y resplandecientes.

Hace frío. ¿Habré sido mala? Cuando sea mayor aprenderé a hacer dulces y caramelos porque  nosotros, los niños, sonreímos cuando los vemos y los mayores también se ponen contentos. Seguro que si hago muchos dulces y caramelos la gente nunca volverá a estar triste y las personas mayores volverán a sonreír. Haré tartas con mucho merengue, de chocolate y de frambuesa. Se celebrarán fiestas y se cantarán alegres canciones  y  el mundo sonreirá.

Tengo miedo, quiero ver a mamá. Prometo ser buena, aprender la tabla de sumar y hacer bien las letras. Quiero salir de aquí, esa señora vestida de negro es vieja y fea. Mamá me da muchos besos y abrazos al llegar de la escuela, sus manos son suaves y su pelo como los rayos del sol. Cuando sea mayor, yo voy a seguir queriendo mucho a mi mamá. Ahora parece que hay claridad, veo borroso, veo a alguien vestido de blanco con cabellos de ángel… Me cuesta abrir los ojos. ¡Es mamá! ¡Mamá ha venido a buscarme! Y sonríe y me abraza fuerte. Seguro que  le han regalado una caja de caramelos de muchos colores.